Todo comenzó con un dolor que jamás había sentido, una mañana cualquiera… y una frase extraña dando vueltas en mi mente: “300 años en coma”. Hoy quiero contarte cómo surgió realmente el mundo de Sebastián y cómo llegó finalmente hasta ti…

Astaroth dijo una vez:
“No hay prisión más impenetrable que aquella donde el prisionero cree ser libre.”

Era martes, 15 de junio de 2010. Me levanté temprano, pero sentía que algo no estaba bien. El dolor abdominal era tan fuerte que no me dejó otra opción más que ir al médico. Fueron días complicados, llenos de consultas médicas e incertidumbre, hasta que finalmente me diagnosticaron algo que me produjo mucho miedo: un lipoma de aproximadamente seis centímetros pegado a mi última costilla. Aquella noche no pude dormir; la ansiedad me invadía por completo mientras miraba el techo, preguntándome una y otra vez: “¿Será cáncer?”.

Sin embargo, justo cuando parecía que la preocupación iba a dominarlo todo, ocurrió algo inesperado. Al despertar al día siguiente, tuve una idea clara y contundente: debía escribir una novela. Pero no cualquier novela; quería una con un final impactante, algo que no se hubiera visto antes. Fue así, en medio de ese caos emocional, que escribí lo que luego se convertiría en el último capítulo de La Última Cúpula: Coma.

Pasé días escribiendo, borrando y volviendo a escribir ese final que rondaba por mi mente, hasta que por fin quedó terminado y yo satisfecho con él. Y quiero aclararte que este final ha sido el único que no he modificado, salvo en cuestiones de estilo literario.

Entre el trabajo diario y las responsabilidades cotidianas, la novela quedó olvidada en una carpeta digital. Para 2014, solo había completado dos capítulos: el primero y el último. Para no olvidar la trama, anoté en una lista rápida las ideas principales que algún día quería desarrollar.

Fue hasta el año 2024 cuando algo cambió mi vida radicalmente: me casé con una mujer increíble. Fue ella quien, con cariño pero con firmeza, me impulsó a retomar aquellos proyectos olvidados. Gracias a su apoyo constante, la inspiración regresó poco a poco y logré completar los capítulos pendientes, terminando finalmente una novela que había comenzado más de una década atrás.

Pero aún había trabajo por hacer. Mi hija y uno de mis hermanos, en un acto de sinceridad absoluta, me dijeron que el primer capítulo era demasiado lento y aburrido. Siguiendo su consejo, transformé ese capítulo en varios flashbacks distribuidos cuidadosamente a lo largo del libro. De esta manera nació la versión definitiva: nueve capítulos cargados de intriga, suspenso y un amor que trasciende el tiempo.

Por último, llegó el turno de perfeccionar cada detalle. Mi madre, Chelito, experta en corrección literaria, fue clave en este proceso. Con paciencia infinita, pulió cada página hasta alcanzar la versión final. A ella le debo todo mi agradecimiento por su tiempo, dedicación y apoyo incondicional.

Y así nació La Última Cúpula: Coma, una historia que surgió en uno de los momentos más inciertos de mi vida, pero que hoy comparto contigo con gran alegría.

Espero sinceramente que disfrutes leyéndola tanto como yo disfruté al escribirla.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *